Antisépticos. Los 5 errores más comunes en su uso

Antisépticos. Los 5 errores más comunes en su uso

En el próximo Workshop de la Sociedad Española de Heridas vamos a dedicar dos horas al uso correcto de los antisépticos. Si quieres evaluar el interés por los contenidos que vamos a desarrollar os adjuntamos cinco errores habituales en la aplicación de antisépticos. Estos errores corresponden a actuaciones habituales en las que no se tienen en cuenta los principios generales del mecanismo de acción de las moléculas antisépticas. Si te sientes identificad@ con alguno de ellos….. o con todos…. no te pierdas el próximo Workshop. El error más frecuente es el de verter un antiséptico sobre una lesión para, inmediatamente, aplicar un apósito absorbente. ¿Qué pasa en este caso? Que el antiséptico se absorbe y, al dejar de estar en contacto con la lesión, su capacidad antiséptica disminuye de forma notable si es que no desaparece. Este error está muy ligado a la velocidad de acción antiséptica. En muchas ocasiones cuando se observa una gran cantidad de tejido no viable se tiende a usar una cantidad más importante de antisépticos pensando que aumentaremos su efectividad, nada más alejado de la realidad. Siempre que en el lecho de la herida se encuentre tejido no viable o un biofilm, la capacidad antiséptica del producto elegido disminuye de forma importante. Si queremos obtener la máxima capacidad antiséptica, deberemos eliminar en primer lugar el tejido no viable. Debemos consultar en la historia del paciente las alergias conocidas para evitar aplicar un producto que desencadenaría una reacción local e incluso sistémica en el peor de los casos. Una persona alérgica al marisco puede presentar una reacción local al yodo. Los antisépticos no tienen acción...
¿Se duchan los fibroblastos?

¿Se duchan los fibroblastos?

Desde el año 1962, tras la publicación por parte de George Winter del artículo “Formation of the scab and the rate of epithelization of superficial wounds in the skin of the young domestic pig” en la revista “Nature” hemos acogido el concepto de “Cura húmeda” de forma natural, sobre todo en contraposición a la llamada “Cura seca”. A partir de este punto empezó a surgir todo un arsenal terapéutico alrededor de la necesidad de aportar un grado de humedad suficiente al lecho de la herida para conseguir que el proceso cicatricial se desarrolle de forma efectiva. Hidrogeles, hidrocoloides, foams, hidrocelulares…. éstos y otros productos se han comercializado con el fin de aportar agua de forma exógena o de mantener el mayor grado de humedad posible en el lecho de la herida sin producir maceración. No obstante somos muchos los que nos planteamos la realidad de esta “Cura húmeda” incluyendo a su actual evolución denominada “Cura avanzada”. El escepticismo que nos produce la “Cura húmeda” se podría relatar en varios puntos, pero nos llevaría más tiempo del que cualquier lector le gustaría invertir al leer un post. Por este motivo, como en otras ocasiones, vamos a llevar el concepto al campo del “sentido común” con el simple objetivo de aportar un punto de partida para centrar un tema tan controvertido. Imaginemos una piscina, dentro de la misma tenemos a unas personas encargadas de ir llenándola de esponjas a una velocidad constante, y fuera tenemos una manguera que vierte agua. Si la velocidad de aplicación de esponjas es igual a la del llenado de agua de la manguera, podemos encontrar la...
Camarero, este cuchillo no tiene mango

Camarero, este cuchillo no tiene mango

Cuando un/a sanitario/a se enfrenta a una lesión con tejido desvitelizado acuden a su memoria innumerables comentarios sobre qué hacer para eliminarlo: desbridamiento autolítico, enzimático, quirúrgico…. en este tipo de situaciones recuerdo, aplicando la más cariñosa de las críticas constructivas, lo mucho que tiene de “arte” esto de las “ciencias de la salud”, sobre todo cuando se usan criterios personales frente a situaciones que tienen como base en una realidad objetiva. ¿En cuántas ocasiones hemos escuchado que hay que frotar los bordes de una herida hasta hacerla sangrar? ¿cuántas veces hemos visto limpiar el lecho de una herida con un cepillo quirúrgico para quitar la “fibrina”? En estos casos suelo animar a las personas con las que comparto espacio y tiempo en el ámbito docente y clínico a usar el sentido común (que debería ser el más común de los sentidos). Imaginemos que estamos en un restaurante y hemos pedido un entrecot de ternera para comer (por el que vamos a pagar una buena cantidad de euros) pero tiene unas vetas de grasa que queremos eliminar ¿qué opción tomaríamos para eliminarla? ¿acaso le pedimos al/la camarer@ una lija del siete para frotar la carne? si acabas de sonreír…. has frotado una herida… ¡bienvenid@ al club! yo también lo hice hasta que alguien me hizo recapacitar. ¿Qué sentido tiene destrozar un tejido sano? ¿no habrán otras formas de conseguir el mismo objetivo? Siguiendo con el ejemplo imagina que en el mismo restaurante entre los cubiertos solo encuentras para cortar un cuchillo sin mango, ¿alguien ha intentado cortar un trozo de carne en su casa con un cuchillo sin mango? tal...
Observando las heridas, ¿dónde está la lupa?

Observando las heridas, ¿dónde está la lupa?

Aquellas personas que nos dedicamos al tratamiento habitual de lesiones cutáneas hemos visto con recelo la histología y la anatomía ya que presentan muchos conceptos teóricos a los que no le hemos visto “aplicación clínica”, ¿pero realmente tenemos correctamente calibrada nuestra visión de las cosas? En primer lugar deberíamos preguntarnos ¿nos hemos parado a mirar en alguna ocasión? Porque todos y cada uno de los procesos detallados en los apartados de un libro sobre fisiología de la cicatrización ocurren en la realidad y, si queremos, los podemos intuir e incluso observar de forma directa en las lesiones. No podemos seguir dándole la espalda al proceso cicatricial de las heridas, debemos abrazarlo y asumirlo como propio empezando por la observación directa, ¿han visto alguna vez la herida con una lupa? ¿y con una telelupa? Solemos hablar de esfacelos, tejido desvitalizado, fibrina, mamelones angioblástico, tejido de granulación y biofilms por ejemplo pero ¿los ha visto de verdad o solamente los intuye en una mancha sonrosada que parece espolvoreada de forma aleatoria con estructuras amarillas y rojas? Si en la microcirugía se usan dispositivos ópticos para aproximar el campo de acción al terapeuta que está trabajando sobre él ¿por qué no aplicar la misma metodología de trabajo en las heridas? ¿acaso no son cultivos celulares en vivo? ¿acaso no estamos interviniendo a un nivel que se escapa de la capacidad de visión normal? Asumamos la responsabilidad en el tratamiento de las heridas y admitamos el error por distanciarnos de la fisiología cutánea. Entre otros muchos motivos porque ESTÁ PASANDO EN LA HERIDA, nos guste o no, a pesar nuestro, está pasando y...
Porque no somos animales anfibios: Un motivo de sobra para cuidar nuestra piel

Porque no somos animales anfibios: Un motivo de sobra para cuidar nuestra piel

El grado de hidratación de la piel depende, fundamentalmente, de la homeostasis conseguida por la dermis y la epidermis. En efecto, tanto la retención hídrica conseguida por la primera como la protección ante la fuga de agua de la segunda son esenciales para mantener el grado de humedad cutáneo. Respecto a la epidermis, de las distintas capas que la conforman cobra una especial importancia en la impermeabilidad cutánea el sustrato córneo. En ausencia de la capa córnea nos pareceríamos mucho a los anfibios, que no pueden alejarse de una fuente constante de humedad para evitar la desecación del cuerpo. Llama la atención la estructura histológica de la capa córnea, y nos debemos centrar en las uniones que se forman entre los principales elementos celulares: los corneocitos. Éstos se encuentran unidos, fundamentalmente, por los corneodesmosomas y las laminillas intercelulares. Aquellas que nos interesan por su funcionalidad son las segundas ya que depende de ellas, sobre todo, la impermeabilidad de la capa córnea y, por extensión, de toda la piel. Las laminillas intercelulares se componen de discos unidos entre sí que, básicamente, actúan a modo de dique que impide pasar el agua a su través. Estos discos se forman en el sustrato inferior, el granuloso, donde las células de este nivel aprovechan tanto componentes intercelulares como extracelulares para su elaboración. Así pues las laminillas intercelulares son unas unidades histológicas fundamentales para evitar la deshidratación de la piel. De este modo, lo ideal sería poder aportar los elementos necesarios para que estas laminillas fueran de la mejor calidad posible o aquellos que eviten su degradación. La composición de las laminillas intercelulares es...

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